6 de mayo de 2014

Después de tanto tiempo muda,

vuelvo para escribir lo que no sé decirte sin lastimar lo que intentamos conservar. Vuelvo pensando en si no volví a vivir las mismas situaciones una y otra vez, como un dejà vú constante de mal gusto.

Tu elección, o inelección, me hace olvidar que prometí no odiarte, no tratarte con desprecio. Tu rechazo me colma de rabia. Porque uno inevitablemente llega a las comparaciones y pierde la calma. 

Sólo de pensar que en sus manos te hayas sentido como si fuera el cielo, y conmigo hayas tenido siempre los pies en la tierra. Que te evadís pensando en alguien más, que te negás a dejar ir lo que no te hizo felíz, que me das siempre por sentado. No puedo evitarlo. Es tanto lo que quiero darte como lo que quiero quitarte, tanto como lo que estamos perdiendo.

Lo que no tomas es lo que rechazas. 

¿Cómo te digo que no quiero volver a verte si no puedo dejar de pensar en vivir esta oportunidad? ¿Cómo me decido a no esperar lo que deseo? Y al mismo tiempo quiero que me veas y me elijas, y al mismo tiempo quiero que me pierdas. 

Que me veas irme, y te arrepientas.